7 de mayo de 2013

Capítulo 5

Día 32, ya me queda menos para llegar a los Ángeles, había parado en lo que parecía ser un viejo granero, no podía recorrer todo el camino que me faltaba por la ruta 66 en bicicleta, a si que pensaba descansar allí. No creo que el grupo estuviera interesado en perder el tiempo conmigo, pero de todas formas, no quería hacer ruido. Oculté la bici tras dos montones de paja para que no se viera desde la carretera y bajé. Con mi brazo herido cada vez me costaba más apuntar a si que saqué el machete, por si las moscas.


Me introduje en el granero por la puerta trasera, todo parecía estar tranquilo. No tenía linterna, sólo podía ver gracias a la luz que entraba por el agujero de la puerta, a si que rodeé el granero por fuera habiendo las ventanas para permitirme ver... Aquel lugar era grande, tenía 2 pisos, abajo había herramientas de trabajo para la granja, un rastrillo, una pala, abonos, etc. Arriba había montones de paja, más tarda subiría por las escaleras que estaban al fondo. Justo debajo, había un bulto cubierto por una tela, serían montones de paja. En ese momento me fijé que justo encima, en el piso superior, unos 2 metros más arriba del suelo, había un baúl, podría tener objetos de utilidad... Subí las escaleras sin pensarlo dos veces, en el instante que estuve arriba, apareció un caminante, oculto antes tras la paja, del susto caí a la planta baja de nuevo, me torcí el tobillo. El zombie también cayó, doblándose la rodilla y desprendiéndose de su pierna izquierda, comenzó a arrastrarse hacia mí, me asusté porque el machete se me había perdido en la caída, a si que hice lo mismo que él, me arrastré hacia atrás para evitar que me mordiera, hasta que choqué contra la pared. Cogí la pala allí apoyada  y con ayuda de las dos manos le asesté un golpe en la cabeza. El granero se puso perdido de sangre y trozos de cerebro, me tocaría limpiar si quería dormir a gusto...
Recogí la tela para usarla como manta y lo que parecía ser paja resultó ser un tractor, estaba en buenas condiciones, y aunque no alcanzara mucha velocidad, me valía para desplazarme sin hacer esfuerzo.
Recogiendo los desechos del zombie a duras penas por mi cojera, con ayuda de la pala, logré acabar. Después, coloqué los sacos de abono en forma rectangular como colchón, me tumbé y me tapé con la manta.
Aunque no me había olvidado de mirar en el baúl, no me apetecía hacerlo en ese momento, estaba cansado. Pensando, mientras intentaba dormir, intuí que aquel zombie descabezado de un palazo era el dueño del granero, era un hombre de mediana edad, unos 40 años le hechaba yo, tenía un gesto serio y una mirada profunda, no me lo podía quitar de la cabeza.

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